6 consejos para viajar libre de gluten

La conciencia de la enfermedad celíaca y la intolerancia al gluten está en aumento, pero en muchos lugares, la gente nunca ha oído hablar de estas condiciones. Cuando viajamos, el miedo y desconocimiento aumentan, así como el riesgo de enfermarnos. Por eso, hay que llenarse de mucha paciencia e intentar ir lo más preparados posibles. Debemos dar por un hecho que tendremos que explicar constantemente nuestra condición y estar en “modo alerta”.

Sin embargo, no hay que obsesionarse ni desesperanzarse. No tenemos que perder la emoción de explorar nuevos lugares y probar nuevas comidas; sencillamente hay que hacerlo de forma inteligente.

A mí me diagnosticaron un par de meses antes de irme a estudiar a Inglaterra. Desde entonces, me ha tocado una maravillosa época de viajar bastante y a distintos lugares. Esto me ha permitido experimentar de primera mano lo difícil/fácil que puede ser viajar “gluten free” dependiendo de dónde vayamos y cómo nos preparemos.

Aquí les dejo mis 6 principales consejos para viajar sin gluten:

1. Prepararse con antelación

Cuando reserven los pasajes de avión, asegúrense de pedir la opción de comida “libre de gluten”. Muchas aerolíneas tienen esta opción para viajes largos, yo la he pedido en United Airlines, American Airlines y Avianca y me ha ido súper bien. Mi comida suele ser más fresca y natural, porque la condimentan muy poco y usan menos ingredientes.

Claro, esto depende mucho de la aerolínea. Yo he tenido experiencias excelentes y deliciosas y también me han servido pollo tieso y sin sal para desayuno y almuerzo en vuelos de 12 horas. Por eso, además de pedir la comida con antelación, es importantísimo confirmar que el pedido esté listo y embarcado cuando hagan el check-in.

Además, llevar suficientes snacks para el vuelo es fundamental. Yo suelo llevar alguna fruta fresca, nueces en paquete, chocolate oscuro y una barra de proteína o proteína en polvo, para vuelos muy largos.

2. Aprender a preguntar bien

La mayoría de los vendedores de alimentos no saben si sus ingredientes contienen gluten, porque normalmente no tienen que preocuparse por eso. Por eso, preguntar si “¿esto tiene trigo?” en muchos lugares no es suficiente. Hacer las preguntas correctas es súper importante.

Hay que pensar en términos de la cocina local y los ingredientes que utilizan. A veces es más eficiente preguntar si algo tiene pan, galleta, tortillas de trigo, harina, etc. porque es son alimentos que la gente conoce y puede identificar fácilmente.

3. Ojo con los condimentos

La mayoría de celiacos saben que la salsa de soya tiene harina de trigo, por lo que podemos evitar platos asiáticos típicos. Pero en muchos países, otros condimentos de mesa son igual de problemáticos. Cosas como aderezos pre-hechos, salsas BBQ, algunas mezclas de condimentos secos y salsas suelen tener gluten escondido. Recuerden siempre preguntar con qué condimentan y cómo condimentan la comida antes de ordenar.

4. Tener meriendas a mano

Encontrar alimentos seguros no es siempre está garantizado. En muchos lugares, encontrar productos libres de gluten es difícil y caro. Por eso, es importante tener meriendas no solo para los vuelos, sino para el día a día. Yo suelo empacar paquetes de nueces y comprar fruta o más semillas en supermercados locales, una vez llego.

Tener meriendas a la mano es una excelente idea porque no sabemos cuando nos va a dar hambre y cuánto tiempo va a pasar antes de que encontremos un lugar seguro para comer. A mí este consejo me ha salvado la tanda muchas veces.

5. Elegir lugares pequeños

En México, mis lugares favoritos eran pequeñas taquerías donde las cocinas estaban a la vista – así podía ver qué ingredientes utilizaban para los platos y pedir específicamente que comer y qué quitar. Podía asegurarme de que usaran únicamente tortillas de maíz y de ver cómo preparaban los alimentos. Además, el riesgo de contaminación cruzada era mucho más bajo porque estos lugares tienden a centrarse en una menor selección de platos y los ingredientes base son los mismos. Por otro lado, entre más natural y local sea la preparación y cocción, la posibilidad de enfermarse es menor. Para mí, la mejor parte de esto es explorar y experimentar la cultura local a través de la comida típica.

6. Ser flexible

Muchas veces he estado en situaciones donde no hay disponibilidad de opciones sin gluten o tengo un conocimiento muy limitado de qué puedo comer. Sin embargo, nunca he pasado hambre. La clave está en ser flexible: independientemente de la situación, siempre habrá algo de comer. Claro, no siempre tendremos exactamente lo que nos gustaría (muchas veces será algo sin gracia y no tan apetitoso), pero les aseguro que lo agradecerán.

 

Mi experiencia me ha demostrado que la gente está dispuesta a hacer muchas cosas para acomodar mis necesidades alimenticias cuando estoy de viaje. Yo he tenido recuerdos maravillosos y también pesadillas en hoteles y restaurantes.

Realmente les sorprendería la diferencia que hace el explicar las cosas con amabilidad y pedir por favor. Además, educar un poco a los demás rinde muchos frutos. Ente más se sepa sobre la enfermedad celíaca y se concientice sobre la intolerancia al gluten, más fácil será para todos nosotros viajar con tranquilidad.

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