5 razones por las que detesto los buffets

La mayoría de gente ama los buffets. La idea de “comer todo lo que pueda” por un precio fijo es muy atractiva, especialmente porque se asocia con comer cosas deliciosas y poco saludables, en grandes cantidades.

Debo confesar que cuando era menor, a mí también me encantaban. El poder probar “un poquito de todo” y comer varios de mis alimentos favoritos en una misma comida era sencillamente genial. ¡Y si era un brunch, aún mejor! Fruta, salmón ahumado, omelette, algún pancito y luego un postre (o varios) = felicidad. Claro, el sentimiento de llenura me duraba el día entero y no podía ni pensar en comida hasta el día siguiente, pero como era solo una o dos veces al año, definitivamente valía la pena.

Hoy, en cambio, los buffets me generan muchos sentimientos encontrados y la verdad es que es de las peores opciones que me pueden ofrecer para ir a comer. En vez de ser un “all you can eat”, un buffet suele ser una demostración enorme de todas las cosas que NO puedo comer. Les cuento las razones por qué:

  1. Todos los buffets están repletos de gluten. No hay buffet en este mundo que no tenga una enorme sección de panadería/repostería, donde por supuesto no hay ninguna opción GF y todo se ve delicioso aunque sepamos que es cero saludable. Pero además, hay gluten oculto en casi todas las secciones de comida. Por ejemplo, los embutidos pueden contener gluten en su relleno; las papas o cualquier alimento empanizado está cubierto en harina o miga de pan y por ende la freidora está contaminada; las salsas pueden estar espesadas con harina; los vegetales, carnes o arroz pueden estar salteados en salsa de soya; el sushi puede contener sashimi con gluten, etc.
  2. Entre más grande sea la cocina y mayor sea el volumen o cantidad de comida para preparar/cocinar/servir, mayores las probabilidades de contaminación cruzada. La cocina y el personal sencillamente están a toda máquina y no están preparados para lidiar con alergias e intolerancias. Puede que el personal esté advertido y tenga cuidado, pero aún así los restaurantes advierten de problemas de contaminación alérgica alrededor de sus secciones de buffet. Debido a que su cocina no es sin gluten, no pueden garantizarme que la ensalada (naturalmente sin gluten) sea realmente libre de gluten.
  3. La gente no sigue las reglas con los utensilios de servir. Puede que topemos con la suerte de que cada recipiente tenga su propia cuchara de servir, que de paso les cuento que pasa poco y por eso aunque haya opciones “gluten free” muchas veces es imposible probarlas. Y puede que pensemos que es sentido común usar la cuchara colocada en un recipiente en particular para servirse y luego devolverlo a ese mismo plato/recipiente cuando terminemos. Pero ¿adivinen qué? No todo el mundo sigue esa etiqueta. La gente utiliza una misma cuchara para servir diferentes alimentos en varios platos y no hay forma de saber si la cuchara de la lechuga no ha pasado por el plato de ensalada de pasta o los crotones justo antes de que nosotros llegáramos. Y aunque todos los comensales sean conscientes y solidarios, la gente suele servirse en carreras y con demasiada ansiedad, por lo que la comida o boronas suelen volar por todo lado. 
  4. Si tenemos suerte y el capitán de la cocina logra conseguirnos algo de comer que sea realmente seguro, suele ser algo crudo (ensalada) o algún corte a la parrilla y literalmente son 3 cosas en el plato. Yo personalmente no tengo problema con esto porque así es como me gusta comer, pero para quienes quieren hacer un “cheat meal” o darse un gustito, pueden imaginar lo decepcionante que es. No solo porque no podemos comer lo que queremos, sino porque tenemos que ver a los demás comer en frente nuestro y ver su cara de lástima por nuestra “mala suerte” mientras nos antojan.
  5. Pero definitivamente lo peor de todo es tener que pagar el mismo precio de todos los demás, solo que habiendo comido 1/10 parte. Creanme que si lo único que puedo comer es una ensalada o fruta, prefiero mil veces ir a comerme mi ensalada o carpaccio favorito a algún otro lugar y pagar el precio justo por ello.

La mayoría de mis encuentros con buffets han sido pesadillas completas, así que probablemente por eso los buffets me generan tanta ansiedad. Sin embargo, he tenido un par de muy buenas experiencias con buffets de desayuno en distintos hoteles. La verdad las veces exitosas han sido una combinación de preparación, buena suerte y personal de cocina MUY amable.

¡Luego les contaré mis tips para cuando estén de viaje y esa sea la única opción disponible!

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